20 de junio de 2010
19 de febrero de 2010
Iron bubble
31 de enero de 2010
Cielo
Discreción
Miguel de Cervantes SaavedraEl andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos.
24 de octubre de 2009
Fuego
Abro los ojos. ¿Dónde estoy? Pestañeo intentando recordar los últimos minutos de consciencia pero apenas recuerdo cuándo ocurrieron. O dónde. Percibo una tenue luz a mi derecha. Unas cortinas oscuras se mecen ligeramente mostrando un paisaje que mi miopía no me deja ver. Huelo a humo, a cenizas. Me incorporo con suavidad intentando ver lo que me rodea. Busco mis gafas, ¿no están? Me tapo la cara con ambas manos intentando pensar. El olor a fuego es más intenso en ellas. Están negras, llenas de hollín. Levanto la vista pero no reconozco la habitación donde me encuentro. Un colchón en el suelo, una pequeña ventana, pilas de ropa tirada por todas partes.
Un cuerpo a mi lado. ¿Vivo? ¿Muerto? Se me corta la respiración. Me inclino hasta quedar a varios centímetros del desconocido. Su espalda sube y baja al ritmo de su respiración. No puedo ver su cara pero sí percibo su olor . Fuego, madera, ceniza. Aquella espalda aún con vida está llena de huellas negras, marcas de dedos y manos… Están por todas partes. ¿Son mías?
Observo mi cuerpo desnudo también tiznado de hollín. No lo reconozco. Mis manos son más grandes, los dedos más largos, mi pelo ya no es rubio, mi identidad… ¿dónde está? Tengo ganas de llorar pero la pena se paraliza en mi garganta. El miedo me ahoga. El colchón cruje bajo mi cuerpo. Miro a mi izquierda y la espalda desaparece. Se ha ido para dejar un torso desnudo y una cara desconocida por la identidad que perdí. Pelo moreno, barba incipiente, piel quemada por el sol… ¿Quién eres?
Las lágrimas caen por mis mejillas. El terror ya no puede con ellas. Me levanto sin hacer ruido y el dolor casi me paraliza, los músculos no me responden. Consigo apoyarme en la pared y avanzar a trompicones hacia la ventana. Volutas de ceniza y trozos de periódicos quemados se deslizan entre las cortinas empujadas por el viento. Atrapo uno de ellos aún en llamas y no puedo reprimir un grito ahogado: “24 de diciembre de 2025”. ¿Pero, dónde me han llevado mis sueños?
Consigo acercarme a la ventana y con mi mano muevo ligeramente la cortina. Fuego, cenizas, humo. La ceniza lo envuelve todo. Los edificios arden, los árboles arden… Todo lo que me rodea está en llamas. Grito de pavor cuando el cristal de la ventana comienza a derretirse por el calor que desprenden el fuego. A mi espalda algo se mueve, acercándose hacia mí. Giro mi cabeza despacio, temblando de miedo y allí está él, de pie. Y sus ojos, ahora dos bolas de fuego, traspasan mi piel, mis entrañas, mi alma, convirtiéndome en cenizas.
20 de octubre de 2009
La realidad
8 de noviembre de 2008
Asfixia
Cuando tienes 18 años y sales de casa para no volver piensas que por fin puedes respirar. Crees que después de haber estado muchos años al abrazo de tus padres, con sus manos alrededor de tu cuello impidiéndote respirar cuando se te antoja, al fin eres libre. Pasan los años y vives aquí y allá en busca de ese hogar que abandonaste y que de vez en cuando rememoras en alguna visita esporádica. Pero ya no es lo mismo. Tú eres otra persona por mucho que los que te criaron piensen lo contrario. Ya no observas la vida a través de la mirilla de su puerta. Al contrario, la has abierto y te has puesto al otro lado, exponiéndote a lo bueno y a lo malo que puedes encontrar con un simple toque de nudillos. 
Pero ahora soy más dura. Porque lo que en un principio me destrozaba la existencia ahora me ha convertido en inmune a ella. No existo, no respiro, no pienso, no razono... y si lo hago no lo recuerdo. Quiero vivir sin vivir, quiero ser simple como una ameba. Sentir sin razonar o razonar sin sentir. Quiero gastar todo el dinero que gano buscando hogares en los que quedarme durante una semana. Ya viví en Korea, Malasia, Sichuan... y quiero hacerlo en Japón, Vietnam, Laos o Camboya. Quiero sentir en Tailandia y razonar en Indonesia. Quiero seguir buscando ese hogar durante muchos años de mi vida, sentirme perdida, con las manos al cuello apretando con más fuerza. Sufrir, volverme fría, distante. SER OTRA. Ya habrá tiempo de echar el ancla, de buzones llenos de cartas y familias comiendo paella los domingos en el jardín. Ya habrá tiempo de respirar... por ahora, me siento más viva en esta asfixia.
fotos: DAVID BRUNAT
27 de octubre de 2008
El alma
Soy un alma desnuda en estos versos,Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.
Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.
Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.
Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.
Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.
Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.
Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.
Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.
Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.
Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.
- Alfonsina Storni-



