Milagro. Ayer la lluvia lo cubría todo y hoy lo ha hecho el sol. Me recordaba a esos domingos en Palma de Mallorca en los que me pasaba todo el día en la calle, sin parar, en restaurantes, de paseo por la playa y contemplando el atardecer desde una terraza de El Molinar. Pero "aquí no hay playa, vaya, vaya" y nos quedó el Pavillion y sus sofacitos. Um... por unas horas volé lejos, muy lejos de esta ciudad y no me sentí gris, oscura, como su cielo todos los días.
Cuando pasas mucho tiempo en Pekín te das cuenta de que no eres ajena a su atmósfera. Cuando llueve no sientes melancolía, al contrario, te alegras porque sabes que mañana hará un sol radiante. Nunca falla. Si, por el contrario, la polución lo envuelve todo como siempre, algo en tí hace click. No hay fotosíntesis ni chispita. El sol no brilla y parece que todo se me apaga. Todo. Y sólo me queda la noche, y a ratos, porque cuando miro al cielo no puedo ver las estrellas.
Por eso hoy ha sido un día feliz. De esos que recordaré por mucho tiempo en esta ciudad. Ni polución, ni tonos grises, ni ataques asmáticos montando en bicicleta. Algo mucho mejor. Comida en un magnífico jardín con una muy buena compañía. El sol tostando nuestra blanquecinas pieles y una cola light fresquita esperándome en la mesa. Este es el Pekín que me gusta.
Y que todos disfrutamos.
El próximo domingo, ¿repetimos?

1 comentarios:
Me alegro, guapa. A seguir disfrutando. Salsa? eso me recuerda a Canarias, sabes que siempre odié la salsa... Estos días he estado en Italia y también la adoran, de hecho muchos se apuntan a clases de baile... cómo se notan que no la han tenido que aguantar desde la cuna. Mil besos.
Publicar un comentario en la entrada