Pequeños trocitos de lo que fue el mejor viaje de mi vida! Esta es la China que me espera en noviembre.
12 de octubre de 2007
2 de octubre de 2007
¿En casa?
Vuelta a la realidad. Han pasado 21 días desde que marché al país más maravilloso del mundo y hoy estoy de vuelta, en mi piso de Barcelona, contando los días para volver a coger un avión durante 17 horas... ¿Estaré loca? Quizá, pero loca por crecer, por vivir y sentirme viva. China es así. Te atrapa y no te deja ir. Conmigo lo ha conseguido.
Me ha engatusado y ahora ni siquiera me deja dormir. Puede que sea el jet lag aunque no me importa. Esta noche abría los ojos pensando que estaba allí, durmiendo en el piso 1703 de Gon Ti Dong Lu junto al que llaman el Workers Stadium, recinto que albergará los partidos de fútbol de las olimpiadas... Encendía la luz... y no. No estaba allí. Tenía miedo de que fuera de día. Era una sensación extraña... Tenía miedo de no entender como funciona el mundo aquí, a miles de kilómetros de distancia.
He madrugado, así lo muestras mis ojeras esta mañana... Tras llamar a mi chico y contarle los mil y un temores que me azotaban desde la madrugada, me he reunido del valor que he encontrado escondido en mi maleta recién aterrizada desde Pekín y he salido a la calle. Qué luz. Me había acostumbrado a la neblina de la capital china... de su luz tenebrosa y su polución condensada entre los rascacielos. Salgo a la calle y no dejo de ver blancos por todas partes. Rubios, pelirrojos, morenos... Me siento ajena, como si no perteneciera a este lugar.
Comienzo a extrañar los ojos rasgados que me miraban al pasar, las sonrisas de los niños al ver como una occidental con el pelo rubio se acercaba a ellos chapurreando unas palabrejas en chino... Se me hace un nudo en el estómago. ¿Dónde está la inocencia? ¿Dónde? En un arrebato mientras paseo por la calle me acerco hasta el BAZAR ORIENTE, el Todo a Cien de mi barrio. Miro a su interior y veo a la familia de chinos que lo lleva desde hace años. No puedo evitar sonreir. Me siento en casa.
Es muy extraño lo que me ocurre. No quiero ir al supermercado, tampoco quiero entrar en una farmacia... Tengo la impresión de que algo puede contaminar la sensación que tengo ahora mismo. ¿Qué ha hecho China de mí? Aún no consigo entenderlo porque no todo allí ha sido fácil. El idioma, la censura en internet y medios de comunicación y, sobre todo, el complicado carácter de los chinos me ha traído por la calle de la amargura durante los 20 días que he pasado allí. Pero eso ahora es lo de menos. Quiero volver... y cuando me ha dicho mi chico esta mañana que no nos darían el visado hasta finales de octubre casi me ha dado un ataque de pánico. Un mes. No puedo creérmelo. Hasta entonces no pararé de escribir y escribir... porque hay muchas cosas que merecen ser contadas.
Me ha engatusado y ahora ni siquiera me deja dormir. Puede que sea el jet lag aunque no me importa. Esta noche abría los ojos pensando que estaba allí, durmiendo en el piso 1703 de Gon Ti Dong Lu junto al que llaman el Workers Stadium, recinto que albergará los partidos de fútbol de las olimpiadas... Encendía la luz... y no. No estaba allí. Tenía miedo de que fuera de día. Era una sensación extraña... Tenía miedo de no entender como funciona el mundo aquí, a miles de kilómetros de distancia.
He madrugado, así lo muestras mis ojeras esta mañana... Tras llamar a mi chico y contarle los mil y un temores que me azotaban desde la madrugada, me he reunido del valor que he encontrado escondido en mi maleta recién aterrizada desde Pekín y he salido a la calle. Qué luz. Me había acostumbrado a la neblina de la capital china... de su luz tenebrosa y su polución condensada entre los rascacielos. Salgo a la calle y no dejo de ver blancos por todas partes. Rubios, pelirrojos, morenos... Me siento ajena, como si no perteneciera a este lugar.
Comienzo a extrañar los ojos rasgados que me miraban al pasar, las sonrisas de los niños al ver como una occidental con el pelo rubio se acercaba a ellos chapurreando unas palabrejas en chino... Se me hace un nudo en el estómago. ¿Dónde está la inocencia? ¿Dónde? En un arrebato mientras paseo por la calle me acerco hasta el BAZAR ORIENTE, el Todo a Cien de mi barrio. Miro a su interior y veo a la familia de chinos que lo lleva desde hace años. No puedo evitar sonreir. Me siento en casa.
Es muy extraño lo que me ocurre. No quiero ir al supermercado, tampoco quiero entrar en una farmacia... Tengo la impresión de que algo puede contaminar la sensación que tengo ahora mismo. ¿Qué ha hecho China de mí? Aún no consigo entenderlo porque no todo allí ha sido fácil. El idioma, la censura en internet y medios de comunicación y, sobre todo, el complicado carácter de los chinos me ha traído por la calle de la amargura durante los 20 días que he pasado allí. Pero eso ahora es lo de menos. Quiero volver... y cuando me ha dicho mi chico esta mañana que no nos darían el visado hasta finales de octubre casi me ha dado un ataque de pánico. Un mes. No puedo creérmelo. Hasta entonces no pararé de escribir y escribir... porque hay muchas cosas que merecen ser contadas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
